Esa sensación que surge del malestar y parece brotar de las entrañas como un volcán en erupción, que por un lado nos empuja a seguir adelante pero por el otro se convierte en un arma destructora y que además nos trae más problemas que el problema mismo, es la del enojo. Algunos pueden expresarla fácilmente haciendo la vida imposible a cualquiera que este a su alrededor y otros acostumbrados a callar, la reprimen temerosos de que al soltarla se conviertan en poco menos que monstruos capaces de cualquier agresión, volcándola entonces hacia sí mismos. Algunos culparán del mismo al país, al jefe, a la "situación económica", a la suegra, a la madre, a la pareja, al trabajo, al "no tengo tiempo", en fin razones podrían haber miles, pero mientras busquemos culpables en nuestro entorno achacándoles todos nuestros males, difícilmente encontraremos la salida a esta sensación y a muchas otras.
En realidad la mayoría de los que estarán leyendo esto saben que el enojo generalmente es con uno mismo, porque las cosas "no salen como yo quiero", porque no dije lo que quería decir en el momento adecuado, porque estoy harto de desear cosas que nunca consigo, y en fin todo lo que se quiera agregar a esa especie de estado de frustración constante que se maneja en estos casos.
¿Qué hacer? Hay mucho para hacer. Lo primero, empezar a tenernos más paciencia, podríamos seguir por acostumbrarnos a hacer pie en todo lo positivo que tenemos, en todo lo que logramos, en lugar de en todo lo que se supone nos falta.
El estar atentos a nuestros aciertos, restándole críticas a nuestros errores, recordando que cometiéndolos hemos aprendido infinidad de cosas. Guardar siempre un tiempo para nosotros, para nuestras necesidades, nuestros gustos, nuestros planes. Aprender a poner límites cuando nos molestan, nos tratan mal, nos invaden. Actuar más desde lo que verdaderamente somos y sentimos. Respetarnos y aceptarnos con todo lo que traemos nos ayudará a seguir creciendo con menos exigencia y más alegría. De esto se trata el auto-conocernos, de aprender también a "pasarlo bien" y estar menos tiempo llenos de preocupación, de conectarnos cada día más con nuestro Verdadero Ser, facilitando de esta manera la expansión, que implica abrirnos a todo lo BUENO que Dios tiene preparado para cada uno de nosotros.
Dedicado en parte a mi, y en gran parte a vos....
Como tantas madrugadas encerrados en un coche,
en una calle sin luz, una calle sin nombre,
los dos frente a frente se miran despacio
tras dedicarse al amor y su trabajo.
Secan su sudor, secan su sudor,
tal como han aprendido, no han olvidado.
Él piensa, ya nada es como antes,
la vida debe estar en otra parte,
donde no la divisa, porque ella le ciega,
con cárceles de oro, con amor sin tregua
Ya nunca volverán, ya nunca volverán,
ya nunca volverán a hacer nada por vez primera.
Ataremos bandadas de gorriones a nuestras muñecas,
huiremos lejos de aquí, a otro planeta.
llévame donde no estés, un muerto encierras.
Él le regala unas manos llenas de mentira,
ya no le parece tan bello el cuerpo que acaricia,
ayer eclipse de sol eran sus pupilas,
hoy son lagunas negras donde el mal se hacina.
Que pena me da, que pena me da,
que pena me da todo se termina.
Ella ya no ama sus vicios, le busca en los ojos,
pasa un ángel volando, y se encuentra con otro.
Ayer sus dos brazos eran fuertes ramas
donde guarecerse, hoy son cuerdas que atan.
Que pena me da, que pena me da,
que pena me da, todo se acaba.
Ataremos bandadas de gorriones a nuestras muñecas,
huiremos lejos de aquí, a otro planeta.
Llévame a donde no estés, un muerto encierras.
Él decide por fin vomitar las ideas,
ella lo sabe y tranquilamente lo espera.
Sin calma planea su fuga este preso
Ella no lo mira, no aguanta su aliento.
Ya llega el final, y van a encontrar
En su corazón arena de desierto.
Perdida la calma, se pone muy serio,
Cunde el pánico y le invade un horrible miedo.
Su boca cobarde pronuncia: " te quiero,
No te vayas nunca, no te vayas lejos".
Y ella echa a temblar, ella echa a temblar, ella
Echa a temblar:
" Yo también te quiero".
Ataremos bandadas de gorriones a nuestras muñecas,
Huiremos lejos de aquí, a otro planeta.
Llévame a donde no estés, un muerto encierras.
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